martes, 25 de octubre de 2022

El fenómeno de la brujería y hechicería en Canarias

La anexión del archipiélago canario a la Corona de Castilla, no solo iba a implicar una transformación radical desde el punto de vista político, administrativo y económico de la sociedad aborigen, sino que también lo hará desde el ámbito social, en concreto desde su ideología. 

Canarias, ese nuevo territorio de frontera, ubicado por primera vez en ultramar, será el lugar en que se asienten diferentes grupos humanos llegados desde Castilla, Aragón, Portugal, Génova u Holanda, por un lado y moriscos y poblaciones subsaharianas de África por otro. Este nuevo contingente poblacional, junto a la población indígena que había sobrevivido al fenómeno de conquista, será el germen de la nueva realidad social de Canarias.

De ellos, no solo hemos heredados los vocablos, la toponimia, la apariencia o la gastronomía, sino que también un conjunto de costumbres y creencias que están estrechamente vinculadas a las supersticiones y a la magia, las cuales definen en gran parte nuestro acervo cultural.

La gran cantidad de relatos sobre acontecimientos sobrenaturales de los que disponemos, confirman el arraigo que estas creencias tuvieron en el imaginario colectivo, espacio donde se une lo pagano con lo sagrado.

De ello, da buena cuenta los estudios realizados en los archivos del Santo Oficio, los cuales nos dan un panorama general en el que la Inquisición se posiciona como un agente represor de todas aquellas ideas, pensamientos y prácticas que se alejaran de la doctrina católica.

En este contexto, es donde aparecen las denuncias y los delitos de supersticiones, hechicería y brujería. Concretamente durante los siglos XVI y XVII en Canarias, el porcentaje vinculado a estas denuncias rondó el 44% del total, de las cuales solo vinculadas a la brujería fueron un 8%, mientras que el restante estuvo ligado a los delitos de hechicería. Ambas prácticas no eran lo mismo, existía una diferencia considerable, ya que en lo que se refiere a hechicería era aquella que se consideraba como una magia blanca, vinculada con aspectos más bien amorosos, mientras que en la brujería, por el contrario, vamos a tener la intervención propia del demonio.

Pese a la escasa presencia en la documentación de las brujas, vamos a observar que tras la desaparición del Santo Oficio y por lo tanto de su registro documental, vamos a seguir observando como la figura y el ideario vinculado a las brujas, irá adquiriendo relativa importancia en el imaginario colectivo canario, quizás en parte influenciado por la propia literatura de la época.

Por otro lado, la tradición oral nos va a trasladar a un mundo de historias, cuentos o leyendas, transmitidas en los escasos momentos de descanso, siendo lo más habitual durante las reuniones familiares al calor de la luz tenue de un simple candil. 

Y es que algunos informantes mayores han concluido en la siguiente afirmación: "Antes si habían brujas en algunos caminos, pero desde que llegó la luz, se fueron todas", pese a esta afirmación tan rotunda, que nos pueda librar de la aparición de estos seres sobrenaturales en nuestros tiempos, queremos concluir con otra aportación oral, recogida por un informante del municipio de Artenara en Gran Canaria que cuenta lo siguiente: "Más vale creerlo, que averiguarlo".

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